Escogiste la opción fácil.
No querías irte, no quería que te fueras, pero así tuvo que ser.
Aún así te quedaste con la vía sencilla, me dejaste a mí lo duro.
No me caías bien, yo a ti tampoco.
¿Por qué tuvimos que ser amigas?
¿Por qué me hiciste quererte como a una hermana?
Ahora te detesto, me has dejado lo imposible.
Tú recorres ciudades nuevas, no cruzas caras conocidas, partes de cero.
Yo tengo que andar día tras día por las mismas calles en las que creé recuerdos contigo, sonreír cuando me preguntan por ti, saber que estas calles no volverán a sentir tus pasos, que mi risa no se volverá a escuchar en ellas por algo que venga de ti.
Comienzas una vida en un escenario vacío. Yo continúo con la mía en un escenario que se ha quedado con las sombras y los ecos de lo que un día provocaste tú.
Ahora cuelgo la etiqueta de amiga a cualquiera que sea un poco amable conmigo, que no me deje tirada, pero siempre acabo discutiendo con ellas porque ninguna es capaz de hacer lo que tú hacías.
Ninguna llena mis ratos como tú los llenabas, no son capaces de entenderme, no saben cómo dejaste el listón. Acepto a cualquiera pero no me conformo, no después de haber conocido lo que es tener a alguien de verdad, a una persona que es capaz de minimizar lo punzante, a una persona por la que he sido capaz de estallarme la articulación temporomandibular con tal de que no me viese llorar el día más triste de su vida, el día que me dijo adiós, el día más triste de la mía.
Una semana sin moverme de la cama, sin decir una sola palabra, sin consumir otra cosa que no fuesen pañuelos desechables. Luego me obligaron a levantarme, a salir de mi cubículo, a alejarme de mis sentimientos, a volver a tocar la vida. Lo hice, pero nunca he sido mala actriz. Sigo esperando a que llenes mis viernes por la tarde, a que suplas los silencios que deja mi guitarra sin la tuya, a que me pegues cuando digo tonterías, a que vuelvas a escribir las páginas que ahora paso vacías, las páginas que narran mi nueva vida.
Te odio, ¿por qué no vuelves?
Sigo estancada en aquella noche, no desaparece el nudo en la garganta.
Necesito una amiga, una compañera de billar, unos acordes que suenen de fondo, te necesito a ti.
Cuando me preguntan por mi carrera, que por qué la estudio suelo pensar siempre en lo mismo: "Estudio medicina para poder curar lo que no cure mi mejor amiga".
Espero que no suene en Lam, aunque mis ojos lleven tiempo sonando en ese tono. Simplemente te echo de menos.
Ojalá estés bien, por aquí voy tirando, otro día más.