Hoy he rellenado la pecera de ese pececillo que ya no nadará más. Hoy mis ganas se han multiplicado. Nunca me ha gustado dar por perdido aquello que está roto, porque de ser así me habría dado por perdida a mi misma una infinidad de veces.
Con este frío siempre ando en números rojos de abrazos y más de esos que aprietan pero no ahogan. Esa caricia de madre que te dice que sigas, que lo estás haciendo bien, aunque cueste y aún estés muy lejos de lograr ese objetivo tan espacial que te has propuesto.
Risas que provocan sonrisas. Voces afónicas que llegan a explotar en truenos si esas pupilas se lo piden. Un querer que otros conozcan algo que tú ya sabes que es bueno, no sabes por qué, pero lo sabes. Y ese algo se crece, asustado pero fortalecido.
No pide gratitud, pide respeto. Yo pido que se me deje querer. El amor sólo atrae amor. Pequeños tréboles de la suerte que encontré cierto día en aquel jardín. No sé si soy irlandesa, hippie o una niña más, sólo tengo ganas de bailar con acordes saltones y mayores.
Un gracias que ha movido un mundo, mi mundo. Quiero seguir, porque sé que estoy aprendiendo a hacerlo y porque quiero habitar en sus recuerdos, marcar un pedacito de la bondad que perdure en ellos con los años. Un gracias que sólo se contesta con otro igual.
Mi Peter Pan se asoma con ellos, no quiero perderme nunca, pues es lo más real que tengo de mí. Volando a la segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.
- 'Odio' es una palabra muy fuerte.
+ 'Amor' también lo es y las personas
hablan como si no significase nada.
