lunes, 20 de abril de 2015

Vida sobre el papel.

Siempre he sido una chica de ciencias, pero con alma de letras. No hace ni un mes, mi asesora de la universidad me dijo que yo realmente soy de letras y ¿sabéis qué? no me pudo sonar mejor.
Desde chiquitita he tenido diarios, múltiples blogs, he escrito cartas que han cruzado cientos de kilómetros y otras de apenas centímetros. Y de lo que me he dado cuenta es que toda persona que sienta algo profundo, un sentimiento sincero, es capaz de escribir. Esto lo sé porque tengo cartas de personas que me aseguraron que jamás serían capaces de escribirlas, que lo suyo no era eso, que hay que tener un don que ellos no tenían. Y sin duda son las mejores. Tan mal se les da la escritura que se dejan de florituras y atacan desde la primera línea los sentimientos, son auténticos balletianos sobre los lagos de los versos.
Tengo dos cajitas cuyo volumen abarca más que una maleta, pues lo que guardan pesa más que cualquier equipaje. Una está en mi casa de la infancia, escoltando a todas las personas que me hicieron crecer de la forma más humana. La mayoría de campamentos o de mis abuelos, no se me ocurren momentos de mayor euforia. La otra está aquí, conmigo, avanzando a mi lado, rellenándose cada día de lo que me llevo cada noche a la cama, de los pequeños detalles, de los grandes te quieros.
Sin embargo, la segunda caja guarda algo más que palabras de personas que quisieron decirme algo, tiene dentro un pequeño libro. No es mi favorito, simplemente me hace sonreír, me hace ver que nada es tan malo como para que no haya una perspectiva optimista de ello.
Así, cada noche tengo tres grandes opciones, si quiero ser capaz de levantarme al día siguiente. Puedo escuchar música que vaya de la mano de buenos recuerdos vividos con grandes escritores, puedo deleitarme y aprenderme de memoria cada epístola o puedo releer por enésima vez las palabras de Sally Nicholls. En cualquier caso, la poesía y el leve hilo musical de un cello no dejan de estar presentes. No dejo de ser una chica de letras, una artista si cabe, no veo el mundo como una ciencia exacta, lo maravilloso sucede cuando, cómo decirlo, cuando no salen las cuentas y hay que postrarse ante lo infinito de una canción, una carta o un sentimiento.

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